Al principio de mis conferencias, el público se sorprende mucho cuando les explico que toda esta amalgama de enfermedades tan diferentes entre sí, y que son tratadas por distintos especialistas, utilizando fármacos específicos para cada dolencia, en realidad pueden tener un nexo causal común, puesto en evidencia por numerosas investigaciones científicas, de las que les doy cumplida referencia.
Al final de la charla sin embargo, todo el mundo ha pasado a comprender y a tener claro que en realidad, la mayoría de estas enfermedades pueden prevenirse, mejorarse e incluso curarse de forma natural, puesto que en la mayoría de ocasiones, son consecuencia de unos hábitos insanos que las promueven silenciosamente durante años, hasta que se hacen inevitablemente visibles. Y lo más importante, se van a sus casas sabiendo que tienen opciones para dar la vuelta a las enfermedades, al haberles mostrado el camino para entenderlas e influir directamente en ellas.
La constatación de esta falta de información y de cultura generalizada en nuestra sociedad, sobre nuestro propio organismo y la salud natural, me animó a escribir el libro Omega-3 La salud inmediata, consciente de que mucha gente ha sufrido irremediablemente enfermedades crónicas y degenerativas sin saber que su propia alimentación las promovía, y sin saber tampoco que disponían de recursos naturales que les podrían haber ayudado. Me propuse el objetivo de que estos conocimientos y experiencias puedan servir a otras muchas personas, evitándoles o disminuyendo tanto padecimiento.
Una parte importantísima del libro, es la que le da título. Los Omega-3, unos ácidos grasos poliinsaturados esenciales para el organismo. Lejos de la trivialidad de ser simplemente “algo que está de moda”, cosa que podemos constatar en diversos anuncios publicitarios de alimentos “enriquecidos con Omega-3” para favorecer el sistema cardiovascular, la realidad es que se trata de algo mucho más importante y de consecuencias mucho más amplias para nuestra salud, de lo que el público en general conoce. Varios estudios epidemiológicos han demostrado que diversas enfermedades muestran una mayor prevalencia en zonas geográficas donde se consume menos Omega-3. Pero no solamente esto, sino que además se ha comprobado que la dieta occidental tiene una proporción de Omega-6 con respecto a los Omega-3 muy desequilibrada (los Omega-6 son unos ácidos grasos distintos, que abundan en muchos alimentos habituales), hasta el punto de que pueden ingerirse fácilmente 15, 20 o 25 partes de Omega-6 por una sola parte de Omega-3, cuando la proporción máxima debería ser de 3 a 1 a favor del primero.
Este exceso de Omega-6 en nuestro organismo, promueve la creación de unas sustancias llamadas eicosanoides negativos, que tienen una acción inflamatoria, coagulante y vasoconstrictora. Estos eicosanoides, son necesarios en pequeña cantidad y de forma equilibrada con los eicosanoides positivos derivados de los Omega-3, que son antiinflamatorios, anticoagulantes y antivasoconstrictores. El hecho de ir generando eicosanoides negativos durante años mediante nuestra alimentación, promueve de forma silenciosa, un estado proinflamatorio de nuestro organismo, que según la constitución genética de cada uno, y según sus hábitos e interrelación con el medio ambiente, se le manifestará mediante síntomas o enfermedades distintas, tanto físicas como mentales, cada vez más graves.
Diversas investigaciones científicas, muestran claramente cómo los Omega-3 tienen propiedades preventivas y pueden mejorar eficazmente muchas de estas enfermedades, bien directamente, o bien neutralizando el exceso de Omega-6 del que hablaba antes.
Pues bien, esto sintetiza muy brevemente una pequeña parte de lo que en el libro se detalla, con abundantes datos que permiten comprender y verificar los beneficios que estos ácidos grasos aportan al organismo, así como sus demostradas propiedades para la prevención y mejora de enfermedades tan graves e importantes como las detalladas en el encabezamiento del artículo.
Pero no todo termina con los Omega-3, sino que es sólo el principio para comprender la verdadera naturaleza de la mayoría de enfermedades crónicas, autoinmunes y degenerativas, que lejos de disminuir conforme se van incrementando los avances médicos y tecnológicos, van aumentando. ¿Cómo puede explicarse esta paradoja? Es evidente que algo falla. Se lo continuaré contando.
Salud.
José Maria Guillén naturopatiaguillen@hotmail.com
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