| Nos interesa saber |
| ¿EXISTE LA SUERTE? |
| Actualizado 2009-04-16 21:17:36 |
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Beatriz García Ricondo / 14-04-2009 / www.entornocoaching.com
Cuando era niña, me afanaba en aprehender algo sobre cuál sería mi destino a través de la lectura de los tratados sobre horóscopos, de la lectura de manos, del tarot, e incluso llegué a interesarme por el espiritismo. Cualquier cosa que saciara mi curiosidad sobre la existencia del más allá, sobre el sentido de la vida, sobre qué hacía yo en este mundo y qué estaba llamada a hacer.
Esta inquietud y curiosidad respondía a algo que el doctor Frankl denominó la búsqueda de sentido, el para qué de nuestra existencia. Un sentido que es único y diferente para cada persona.
Por diversos avatares y circunstancias de la vida, dejé a un lado esa búsqueda de sentido, hasta que unos cuantos años después, ya en la Universidad, la cuestión sobre la existencia o no de “el destino” y de “la suerte”, me llegó en forma de pregunta. ¿Qué preferirías, tener suerte en los exámenes, u obtener las calificaciones que merecieras en base a tu estudio? Yo, pese a haber sido siempre una alumna brillante, respondí sin dudarlo “tener suerte”.
Casi hace ya veinte años del día en que mi prima me hizo esa pregunta y, sin embargo, no la he olvidado. Unos años después, el debate sobre la existencia o no de la suerte, sigue abierto.
En la universidad, ahora soy yo quien lanza la pregunta a mis alumnos y las respuestas siempre generan debate y controversias entre ellos.
Es mucho lo que se ha escrito sobre la existencia o no de la suerte. Lo cierto es que mi criterio con respecto a este tema ha variado mucho, y con el paso de los años y las experiencias, tanto personales como profesionales, que he ido atesorando, soy una convencida de que salvo un muy pequeño porcentaje de circunstancias que pueden quedar a merced de “la suerte”, nuestra suerte la labramos nosotros en nuestro día a día.
Son los objetivos que nos marcamos, nuestras metas, nuestro control sobre las emociones, y nuestra perseverancia, entre algunos otros factores que nosotros mismos controlamos, los que determinan qué obtendremos de la vida.
Ahora bien, como dijo Ben Stein, “El primer paso indispensable para conseguir lo que queremos en la vida es éste: decidir lo que queremos”. Y a esto añado, que una vez que lo hayas decidido, vayas a por ello con fe en lograrlo, y si las circunstancias no son las mejores, cambia las circunstancias.
Os dejo con una historia china que habla de un anciano labrador que tenía un viejo caballo para cultivar sus campos.
Un día, el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaron para condolerse con él y lamentar su desgracia, el labrador les replicó “¿Mala suerte?, ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”
Una semana después, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos salvajes.
Entonces, los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte. Éste les respondió: “¿Mala suerte?, ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”
Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna.
Todo el mundo consideró aquello como una desgracia. No así el labrador que se limitó a decir: “¿Mala suerte?, ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”
Unas semanas más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota, le dejaron tranquilo. ¿Había sido ¿buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!
Y cuál es tu opinión, ¿existe la suerte? |
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Max Toppy >
Creo que la suerte es tan solo una palabra que utilizamos según nos conviene, una palabra que se puede interpretar a gusto del consumidor. Como dice Jorge, todo tiene su porqué, como insinúa Miguel, puede ser la circunstancia inesperada, porque si lo prevés ya no es suerte o mala suerte, sino algo conseguido o no. En cuanto a la opinión de Anabel, bueno….. Tal vez un deseo frustrado se convierta en excusa válida para quedarse más tranquila y poder tener la “suerte” de no sufrir por ello. En cualquier caso, tanto la buena como la mala “suerte” es algo a lo que agarrarse, como ocurre con Dios y todas esas cosas, con todos mis respetos. Lo más probable es que no me toque nunca la lotería, porque no juego, pero quién sabe quizás un día encuentre algún décimo premiado y consiga mucho dinero. Entonces, quizás, mi vida cambie y se agrie, y me dedique a jugar a los dados y lo pierda todo (y no solo el dinero). Tal vez, mi suerte esté en ser como soy y mi mala suerte sería cambiar al modo que los demás pretendan que lo haga. Muy sabio el chino…..¡Quién sabe! |
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Miguel Carrillo >
Sí hombre, claro, la causa de que Feliciana tenga una vida un poco más holgada y menos achuchada es que encontró aquél décimo en el suelo, gracias a la mala suerte del que lo perdió. No le demos más vueltas leche, que por esta causa nos salen los d-efectos de buscar los tres pies al gato, cuando, por razones que no son casualidad, tiene cuatro. |
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Anabel Serrano >
Yo creo que como dice Beatriz, que eso de la suerte es muy relativo. Yo tuve la “suerte” de conocer a una persona maravillosa y dulce, con la que compartí momentos inolvidables, al principio. Pero su mala “suerte” le hizo cambiar tanto que se volvió agria como sus circunstancias y eso consiguió destrozar una relación. Antes dije que tuve “suerte” por conocerla y es así. Gracias a esta experiencia he aprendido que el camino se hace al andar, como dice en su canción Serrat, y que aprendes a cada paso. Que la actitud ante las dificultades es determinante para salir de ellas con un buen aprendizaje. Mi mala “suerte” es que hoy, que podría ayudar a esta persona (que en definitiva era buena persona) ya no está. Tuvo la “suerte” de morirse y dejar de sufrir. |
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jorge ramos > http://www.improntacomunicacion.com
Hola Miguel, el caso que relatas es pura CAUSALIDAD. Al menos esta es mi opinión, que naturalmente puede ser totalmente equivocada y por tanto respeto la tuya como válida. Pero escucha: primera causa, el propietario pierde el billete; segunda causa, cae sin que nadie de alrededor lo vea y lo coja rápidamente; tercera causa, no lo coje nadie hasta que pasa esa persona en concreto. Podríamos buscar más causas, pero como muestra un botón... |
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Miguel Carrillo >
Me he mareado con tanto dado y tanta historia….. Feliciana, una señora de Aranjuez, (Población de 60.000 personas) ha sido siempre una mujer sencilla y encantadora, pero también bastante pobre. Un día, al salir de su casa para ir a comprar al mercadillo, encontró un billete de lotería premiado en la acera. No fueron muchos millones, pero sí lo suficiente para alegrar lo que le queda de vida. Eso es suerte, para el que perdió el billete, mala suerte. Así que no le demos tantas vueltas de cubilete a algo que no es causalidad, a no ser que aquél otro pusiera el billete allí, a sabiendas que Feliciana saldría a la hora justa, y detuviera a cualquiera que quisiera recoger el papelillo premiado. |
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Jorge Ramos > http://www.improntacomunicacion.com
Hola Beatriz, y hola también a todos cuantos formais parte de este proyecto activo, Revistanet. Me ha gustado mucho el artículo de Beatriz y el cuento (que ya conocía en otra versión casi idéntica. Hace años leí una explicación que intento tener presente cada día: "La suerte es solamente el efecto de una ley cuyas reglas todavía desconocemos".
Imaginemos que cogemos un cubilete con cinco dados de poker y tiramos con el sorprendente resultado de que sacamos cinco ases. ¿Ha sido suerte? Yo pienso, siento y creo que no. Ha sido el resultado de la suma de un elevadísimo número de factores cuya suma es igual a ese resultado exacto. No existe la casualidad sino la causalidad. Todo efecto tiene una causa. Pero, volvamos a nuestro cubilete de dados. Veamos algunos de esos factores: ¿cómo cogemos los dados? ¿cómo los colocamos y en qué posición quedan dentro del cubilete? ¿con qué fuerza volcamos el cubilete? ¿en qué parte de la mesa cae cada dado? ¿en qué posición exacta cae? ¿cómo rebota cada dado? ¿qué rugosidades inapreciables para la vista tiene cada parte de la mesa donde cae rebotando cada dado? ¿pesan exactamente igual los dados? ¿con qué ángulo hemos tirado el cubilete?
Podríamos ir incluyendo más y más factores posibles determinantes y creo que si fuésemos capaces de conocer con total exactitud todos esos factores, antes de lanzar el cubilete, sabríamos a priori cuál sería el resultado. Y no sería ni suerte, ni predestinación, ni profecía, símplemente cuestión de pura CAUSALIDAD, ya que sumando todos los factores conoceríamos el resultado final.
Tras reflexionar durante años en torno a este planteamiento, tengo una idea que me desafía mi capacidad de entendimiento. Me surgió un día, hace tiempo, reflexionando, y supone para mí, todavía, un reto.
Es muy sencillo: toda causa cuyo efecto no se ha producido todavía puede ser afectada por una segunda causa cuyo efecto modifica o impíde el primer efecto todavía no producido. Y a su vez, este segundo efecto puede ser corregido o impedido por una tercera causa cuyo efecto actúa sobre el segundo efecto. Y así, teóricamente, podríamos seguir indefinidamente.
Espero no haber sido excesivamente rollo con este planteamiento, pero a mí me tiene fascinado desde hace años y procuro tenerlo en cuenta durante cada día de mi vida para profundizar en él y recordar que nosotros nos creamos nuestro propio destino. No existe la predestinación, aunque existe una Consciencia Superior, cuya voluntad divina es también uno de esos factores desconocidos que influyen determinando el proceso causa-efecto. |
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