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Cuando nos encontramos ante adversidades, fracasos o frustraciones, uno de los aspectos más importantes de la gestión emocional, es la capacidad de motivarse a sí mismo.
El optimismo y la esperanza son estados que reflejan la expectativa de que las cosas, irán bien en la vida, a pesar de las dificultades y frustraciones que surjan. Desde el punto de vista de la inteligencia emocional el optimismo es una actitud que impulsa a las personas a no caer en la apatía, desesperanza o depresión. Si bien, conviene distinguir el optimismo realista del optimismo ingenuo que puede ser desastroso (Goleman 1995:157).
El optimismo se relaciona con la forma que nos explicamos nuestros éxitos y fracasos. De modo que desde el optimismo el hecho de no superar un proceso de selección para una empresa, se debe a causas modificables, por lo que efectuando los cambios adecuados, podemos triunfar en el siguiente proceso de selección. Por el contrario, desde el pesimismo, culpamos del fracaso a alguna característica personal que consideramos inmodificable. Este simple cambio de perspectiva, tiene un efecto profundo en nuestra forma de enfocar la vida. Nos da el poder o nos lo quita.
El optimismo es una actitud emocional inteligente, que se puede aprender, e influye en nuestra motivación y en nuestros resultados.
Para que comiences a practicar, te propongo la posibilidad de utilizar alguna de las siguientes técnicas:
Pensar en positivo: puedes utilizar este ejercicio para descubrir y cambiar las pautas de pensamiento negativo que pueden contribuir a disminuir tu confianza en ti mismo e incrementar tu nivel de ansiedad o nerviosismo ante la incertidumbre.
Siéntate cómodamente y cierra los ojos. Piensa en un momento reciente en el que hayas sufrido un revés o adversidad en tu proceso de búsqueda de empleo. Puede ser una negativa a contratarte en una empresa determinada, la pérdida de tu último empleo, una entrevista que no salió tal y como esperabas, etc. Dedica un momento a recordar las emociones que sentiste.
A continuación, con la experiencia que tienes, pregúntate cómo podrías haber evitado que la situación te afectara tanto solo con cambiar tu forma de pensar. Por ejemplo ¿podrías haber aceptado sencillamente que era algo que quedaba fuera de tu control?, ¿Podrías haber tomado nota de qué deberías cambiar para hacerlo mejor la próxima vez? Considera la estrategia de pensamiento que hubiera funcionado mejor en esa situación.
Por último, vuelve a pensar en la situación original, y esta vez imagínate aplicando la forma de pensar escogida en el paso anterior. Recuerda esta estrategia y ponla en práctica siempre que tengas algún disgusto.
También puedes utilizar visualizaciones y anclajes, para manejar tus estados internos, utilizándolos a tu favor. Te puede permitir seleccionar y mantener, de forma intencional y efectiva, un estado interno que promueva y sustente una actuación eficaz en el ámbito que tú decidas, así como, sustituir imágenes mentales negativas por otras positivas. Como, por ejemplo, preparar y ensayar en tu mente, cuantas veces lo desees, una entrevista de trabajo, hasta darle la forma y conseguir los resultados que desees obtener.
Si bien, cualquiera de estas técnicas la puede realizar uno mismo obteniendo buenos resultados, si no estás familiarizado con ellas, puede resultarte muy beneficioso que acudas a algún experto que te guíe en un principio y te enseñe a utilizarlas. Para ello, somos muchos los coaches, expertos en inteligencia emocional, terapeutas, etc., que ponemos estas técnicas al servicio de nuestros clientes, y también existen diversas escuelas y empresas que ofrecen talleres especialmente diseñados para el manejo de este tipo de técnicas.
¡Ánimo y adelante!, como dijo George Bernard Shaw “Solo triunfa en el mundo quien se levanta y busca las circunstancias, y las crea si no las encuentra”.
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