A finales de octubre empiezo a tener serias dudas de dónde estoy viviendo. De repente siento como si me hubiera tele-transportado a Estados Unidos, pero en cuanto oigo hablar a la gente por la calle me doy cuenta de que sigo aquí, en el mismo sitio donde nací. Pero veo que los niños van disfrazados de brujas, esqueletos y monstruos varios al colegio, ¡al colegio! Ya empiezo a dudar otra vez, ¿será carnaval? ¿No era en Febrero?
Cuando era pequeña, recuerdo cómo celebrábamos la última semana de octubre en el colegio: cada día nos hacían un juego diferente, nos hacían llevar los calcetines uno de cada color, el jersey al revés, nos explicaban las diferentes maneras en que se celebraba el Día de Todos los Santos en cada comunidad de España, etc. Y yo, como catalana que soy de nacimiento, celebrábamos la Castañada (Castanyada). Me acuerdo de ese día 31 de octubre por la tarde, en el patio del colegio si hacía buen día, en la clase si hacía malo, comiendo castañas, boniatos asados y los típicos panellets, ¡sobre todo los de piñones! Algunas veces mi madre hacía los panellets en casa y yo la ayudaba, me encantaba. También recuerdo cuando íbamos a comprar las castañas a la “castanyera” o “castanyero” que se ponía delante de la estación. Cada día había una cola larguísima esperando. Por suerte eso no ha cambiado, aun sigue poniéndose en el mismo sitio y sigue teniendo mucha gente comprando castañas.
Ahora los niños se disfrazan, y los padres se gastarán un dineral en los disfraces, en adornos y otras historias para celebrar Halloween, una fiesta que a saber si conocen su origen, pero lo celebran los norteamericanos, y simplemente por eso es “guay” y divertido… ¡y un negocio!
De alguna manera es normal que a los niños les hagan gracia esas cosas, es algo que se sale de lo común, se disfrazan, comen dulces, se cuentan historias y se dan sustos (cosa que a mí no me hubiera hecho ninguna gracia de pequeña). Pero también son los adultos los que lo celebran, se hacen cenas, las discotecas hacen la fiesta de Halloween, y si acudes disfrazado ¡tienes copa gratis! Total, que se convierte en un negocio más, en el que todos acabamos cayendo, más o menos, pero caemos.
Es evidente que en los últimos años de toda celebración se hace un negocio, el hecho de comprar flores para el Día de Todos los Santos también es un negocio, es uno de los días del año que más flores se venden en España. Podré estar más o menos de acuerdo con esta tradición o con otras tantas que tenemos, y que para mí particularmente algunas me parecen bastante absurdas, pero al menos vienen de nuestras raíces, de nuestras familias o de nuestros pueblos y ciudades.
Creo que lo que hace atractivo a cada lugar o a cada país es que tenga su propia cultura, sus tradiciones, sus celebraciones. Y está muy bien conocerlas porque hay historias muy interesantes y celebraciones divertidas, pero sinceramente, ya que se hace negocio ¡que se haga con nuestras cosas!
Pero todo cambia, las tradiciones se olvidan, o ya no se llevan, y nos vamos adaptando a los tiempos que corren, al consumo y la publicidad. Pero espero que aunque nos acabemos disfrazando todos para celebrar Halloween, quiero seguir comiendo panellets y castañas, pestiños, boniatos, huesos de santo, y todos esos dulces típicos de nuestras regiones. Y quiero que se recuerde que en Cádiz se celebran los Tosantos, en Ceuta el Día de la Mochila, en Galicia el Magosto, y en definitiva todas aquellas celebraciones en torno al día de Todos los Santos.
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