LOS DERECHOS HUMANOS: ¿UNIVERSALES O UNIVERSALIZABLES?
Ésta es la pregunta que asalta a mi mente cuando observo que en una parte importante de nuestro mundo se practica todavía mutilaciones de clítoris, ventas de niñas y otros comportamientos que chocan con los postulados básicos de nuestras convicciones culturales.
Sabemos que nuestras conciencias nos recriminarían si participáramos en estos actos que condenamos. Sin embargo, el hecho que, por ejemplo, las mutilaciones de clítoris sean percibidas, en el interior de sus culturas respectivas, como costumbres normales y buenas para la mujer me frena a juzgar moralmente a sus autoras. Me pregunto ¿Acaso las conciencias de las madres y abuelas que mantienen viva esta tradición no pertenecen a la misma naturaleza humana que las nuestras? Si estos hechos fueran casos aislados, tendría muy clara la respuesta. No obstante, cada año se mutilan entre dos y tres millones de clítoris, y ya no me cabe duda de que estamos ante un fenómeno vivido con toda normalidad en las comunidades donde se practica. La tradición y la costumbre ancestral anulan cualquier lesión en la conciencia y ofrecen argumentos que las justifican. Las escalas de valores de estas madres y abuelas, sus concepciones sobre lo que está bien y de lo que está mal, poco tienen que ver con las que compartimos todos nosotros en Occidente, al menos sobre este asunto. Platón y Aristóteles crecieron en la cotidianeidad esclavista de la Grecia clásica y en sus obras y escritos dejaron plasmada y justificada esta institución impensable entre nosotros. Sus visiones del mundo y de la vida, sus circunstancias culturales, con ausencia de conceptos y principios que ampararan la dignidad e igualdad de los seres humanos, incorporaban esta forma de sometimiento como una realidad con su propio sentido y finalidad.
También me pregunto si en nuestra cultura no habrá comportamientos más o menos “normales” para nosotros y que, no obstante, sean rechazables desde las perspectivas morales de otras sociedades. Estaba pensando, ahora, en realidades tan polémicas, como el aborto.
Estas realidades nos conducen por un camino cuyo destino final sólo puede ser la no universalidad de los Derechos Humanos. El peso de la cultura de Occidente podrá irradiar la influencia y el valor de estos Derechos hasta llegar a lo más recóndito del mundo, a influir o a culturizar aquellas sociedades donde todavía se mantienen prácticas que pugnan con el contenido de esos derechos. Sin embargo, ello nos indica solamente que los Derechos Humanos son una realidad cultural con vocación universal, es decir, con una proyección mundial todavía no consumada. Por el momento, la realidad de los Derechos Humanos solamente alcanza a ser una construcción humana con sus propias coordenadas de tiempo y espacio, al igual que también lo son los sistemas morales del resto de sociedades.
Narcís Darna i Casadevall
ndarna@uoc.edu / ndarna@yahoo.es |