<?xml version="1.0" encoding="iso-8859-1"?><rss version="2.0">
<channel>
<title>Revistanet - Recordamos</title>
<link>http://www.revistanet.com</link>
<description><![CDATA[La revista de gente corriente para la gente corriente]]></description>
<language>es-ES</language>
<pubDate>Tue, 07 Sep 2010 01:43:18 +0200</pubDate>
<lastBuildDate>Tue, 07 Sep 2010 01:43:18 +0200</lastBuildDate>
<ttl>10</ttl>

<item>
<title><![CDATA[Juan Pergán, de nobleza manchega, ¡como los reyes......!]]></title>

<link>http://www.revistanet.es/228/1609/2009/03/18/Juan-Pergán,-de-nobleza-manchega,-¡como-los-reyes......!</link>
<author><![CDATA[J.M.Velasco <info@revistanet.com >]]></author>
<guid isPermaLink="true">http://www.revistanet.com/ampliar.php?id=1609</guid>
<pubDate>Wed, 18 Mar 2009 11:05:00 +0100</pubDate>
<description><![CDATA[<img align="right" hspace="10" alt="" src="http://lextrendlabs.lextrend.com/mn/userfiles/antiguas/QNXZ_Pergan.jpg"/><p><img height="168" alt="" hspace="10" width="120" align="left" src="/userfiles/image/Colaboradores/J_M_Velasco.jpg" /></p>
<p> </p>
<p><span style="color: #333399"><strong>J.M.Velasco /  29-03-2009</strong></span></p>
<hr />
<p style="text-align: justify">Un año hacía que Alfonso XIII había ocupado el trono de la corona española, cuando en una parte de la sierra albaceteña, aún sin saberlo, en una aldea llamada El Cucharal, una mujer, Dª Emilia García del Toro, vino a parir a un varón, el tercero de cinco hermanos.</p>
<div style="text-align: justify">El padre, Santiago Blázquez, descendiente de familia humilde, pegado a la tierra y asido al aire, sobreviviendo entre surcos y moreras, era popularmente conocido como &ldquo;Pergán&rdquo;. Y con éste mismo apodo a sus cinco hijos, &ldquo;perganes&rdquo;, pero el más popular, éste nuestro protagonista, Juan Gabriel, conocido para el resto de sus días como Juan Pergán.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">De tez pardo aceituna y rasgos albaicines, que no destacaban del resto de hermanos, ni de los demás vecinos, ni de los pueblos de al lado, como los de Casas de Lázaro, que aunque el sol brillaba en los tejados todo el día, a los moriscos no se le podía negar su ascendencia, a pesar de llevar Blázquez de apellido por parte de su padre, &ldquo;hijo de Blazq&rdquo; y García por su madre, apellidos castellanos a su pesar, pues en costumbres eran más de los expulsados por las guerras cristianas en su empeño de reconquista que de los nuevos cristianos.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Pero en definitiva, sobrevivieron a las expulsiones y aquí se presentan, en plena Restauración política, que como digo, en estas sierras, aparte de sembrar cuando se debe, reñir por la linde y regar a la luna y manto, no había más que rascar, ni aunque vinieran carlistas, ni liberales, que no, que aquí las moscas se espantaban con las manos a la sombra de las nogueras y manzanos y el intelecto era una especie de mosquito que se criaba cuando llovían ranas.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Era costumbre no pasar por las iglesias, aunque estuvieran en la plaza o en la calle mayor. No se les tenía apego. Ni aún hoy, pues los hombres mandan a sus mujeres a rezar en ellas, y de paso si se acuerdan, una por ellos. Por eso, no se registraban matrimonios en los libros eclesiales, pues lo normal era &ldquo;juntarse&rdquo; como hoy, &ldquo;parejas de hecho&rdquo;. No obstante, inscribirse después en el registro municipal, si se hacía y a continuación a los hijos, aunque a éstos, a veces se les solía olvidar a los progenitores.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Estos podían así evitar ir a la &ldquo;mili&rdquo; y a las guerras, que tan acostumbrados estaban los ejércitos. Y no pasaba nada, pues eran pocos los beneficios de tener múltiples partos, y más problemas en ellos, dado que el médico era desconocido. Era la asistencia  de las vecinas, que ya sabían atender por experiencia. A lo sumo un veterinario, para atender mulas parteras. Así sobrevivían los más fuertes. Genética que los nietos, ya no hemos heredado. Había solidaridad sin límites, menos por la &ldquo;linde&rdquo;, pues las relaciones comerciales se basaban en el trueque principalmente, y la &ldquo;linde&rdquo; no la toca ni Dios.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">A pesar de la obligada tarea de sobrevivir trabajando de sol a sol, a Juan Pergán le atraía más el trapicheo y a juntarse con los amigos para echar &ldquo;una goteja&rdquo; de vino, Comprar y vender, y si se podía hacer algo de sisa, también, como vender participaciones de un sorteo de un acordeón entre varios pueblos para no saber nunca a quién le tocó, o vender siempre aceite de Jaén, aunque nunca hubiera estado allí.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Vino a comerciar un día a la aldea del Batán, pequeño núcleo en la vega del río Montemayor, al lado de Casas de Lázaro. ¡Aceite de Jaén!, decía, ¡el mejor del mundo entero!, ¡señoras, aquí las espero!. Y en aquellas que una joven de 15 años, morena, alta, recia, salía a ver aquello, que aquel tanto gritaba en la puerta junto a la morera. ¡Anda, si es Juan Pergán el que debajo de la morera grita! dijo Patrón, padre de la que a continuación se asomara a la puerta.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">¿De dónde dices que es el aceite, moreno?, le dijo la Adora, que así se llamaba la hija de Patrón, el que más grande tenía las manos de todas las personas conocidas Y pensó Pergán, ¡anda!, a ésta yo la mampriendo. Y la mamprendió para todos los restos. Y empezaron a tener hijos, y a venir morenos, con algunos claretes, y venga llorar chiquillos, y venga a comer, y venga a buscar que comer. Hasta once, y más no vinieron porque Pergán andaba con el trapicheo de pueblo en pueblo. Y para que no se entretuvieran, a los ocho años, a trabajar. Que se le iba a hacer, así era la vida.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Su afición a la &ldquo;jarana&rdquo; le hizo más famoso en la comarca, pues aprendió de oído a tocar el acordeón, y en menos de tres &ldquo;chaticos&rdquo; ya estaba el baile montado, como la que se montó en la iglesia de Reolid en la noche de ánimas, donde estaban como refugiados todos los jóvenes del pueblo, y entre chato y chato, empezaron las campanas a tocar &ldquo; a rebato&rdquo;. Al cura por poco le da algo. Hoy a los jóvenes no se le puede ni ocurrir tales disidencias, ni afrentas clericales.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Cuando Alfonso XIII, que como decía antes, no sabía nadie en el pueblo quién era, abandona España, ya era una familia numerosa, pero en aquella España eso era lo normal, de manera que nadie esperase premios, ni prebendas. Bastante tenían los gobiernos con los de la gorra de plato y las estrellas en la bocamanga. Con la Constitución de 1931, más de lo mismo. Aquí sólo se oían los sermones de Fray Gerundio en la iglesia, única fuente informativa de acceso a los jornaleros. Había un resentimiento anticlerical patente del que sólo se manifestó en otro pueblo de aquí a lado, de Masegoso, al que le quemaron los santos.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Cuando se reclutaban hombres para el frente, a Juan Pergán le hicieron la señal de la cruz, dios te salve Pergán, cada año un mocoso, apáñate como puedas, que con lo que nos viene encima, no sé, no sé, les decía la guardia civil.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Se acabó la guerra, y como dice J.L. Villalonga, &ldquo;los íberos decidieron reunirse para tener un cambio de impresiones&rdquo;. Triste la historia del hombre en España. Juan Pergán tuvo un consuegro especial en Casas de Lázaro. Era Adolfo, más conocido como &ldquo;Rejalgar&rdquo;, que viene a cuento para señalar el cambio de régimen que aconteció en España. La persecución y exterminio de los antifranquistas, que Muñoz Grandes llamaba &ldquo;comunistas&rdquo;, y para Franco &ldquo;rojos&rdquo;. Venía Rejalgar a repetir cuando se pasaban tres chatitos de vino: &ldquo;Manos de Rejalgar &ndash; Franco ha hincao la estaca &ndash; Existe un derecho&rdquo;.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Y ahí se acababa el mensaje. El que quisiera que continuara, el que lo entendiera que lo explicara, y la guardia civil que lo escribiera para que lo descifrara el sargento.</div>
<div style="text-align: justify">Cuando ya llegaban veinte y tantos chatos, decía &ldquo;Arriba España&rdquo;, y a la guardia civil se le ponía una &ldquo;mala ostia&rdquo;.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Y se tuvo que apañar Juan Pergán mamprendiendo sacos de patatas, sacas de harina, arrobas de vino, yendo y viniendo en un carro que les salvó del hambre, haciéndose como muchos en España, estraperlista, pero de los pobres. Caminando por los caminos y veredas por donde no hubiese guardias, escondiendo el carro en cada aldea, vendiendo rápido para volver a comprar otra cosa. Sobrevivir sin miedo, sin depresiones, sin ansiedad, sin las angustias de hoy día, que desechando cosas útiles no paramos de quejarnos.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Hasta que un día un pariente le dio aviso a los del &ldquo;fielato&rdquo; de Albacete, en la entrada de la feria y le requisaron el carro, la mula y la mercancía. En mala hora saludó a su pariente. ¿Y qué interés podía tener en denunciarle?. ¡Me cago en dios!, soltaba encangrenao. A ver Juan, le decían en el &ldquo;fielato&rdquo;. No sabes que el estraperlo está prohibido. &ldquo;Y el hambre, también&rdquo; contestaba él. Ahora manda Franco, así es que, o te callas o te callamos. Y agachó la cabeza como todos los demás cabestros, y a empezar de nuevo, y ¡arriba España!. Y al cabronazo de mi pariente ya le daré yo escarte. ¡ El demón pregonao de tu pariente, ojalá se pudra!, dijo la Adora.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Viendo que ya no se podía trapichear, acordó hacerse &ldquo;añiaguero&rdquo; en la casa de Arriba, también conocida como casa del Conde, originaria del S.XV  en el pueblo de Balazote, cuyo propietario era don Damián Flores, cuya avaricia y tacañería no tenía fondo, pues contaba las gallinas que tenían en el corral y hacía los cálculos de los huevos diarios que ponían, y luego se los llevaba a su casa y los escondía debajo del colchón. De debajo del mismo sacaba los que, según estimaba, podían comer los muleros y los añiagueros. El encargado de sisarle los huevos al señoríto don Damián era &ldquo;Cariño&rdquo; apodo del gorrinero, que no era familia de Juan Pergán pero con conocimientos suficientes para llevar la piara de cerdos a los alrededores de la finca a buscar bellotas. Él cogía todos los días, de debajo del colchón, los huevos que faltaban para completar la dieta del hambre.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">A &ldquo;Cariño&rdquo; le faltaban luces, pero al contrario que hoy, era capaz de desarrollar su trabajo y encargos, y los marranos salían todos los días de la casa de Arriba y por la tarde llegaban con él, que no era poco. Siempre llevaba un galgo con él, por si salía algún conejo, pero se notaba que el galgo no llenaba las tripas lo suficiente, y así un día los hijos de Pergán le propusieron a Cariño y a Sandalio, que así se llamaba el galgo, una apuesta, a ver quién comía más chorizos, el galgo o él. Y se fueron a por una orza del señorito, que como suele pasar, de tanto esconder las orzas, ya no se acordaba donde las escondía y si lo sabía, más sabían ellos en falsear el contenido de la misma para que siempre estuviera llena. Se pusieron a comer de uno en uno, mientras el galgo se relamía la pringue a cada chorizo, Cariño se metía un taco de pan. Y como sin parar de reír veían que la orza bajaba el nivel del sebo, al pobre galgo le empezaban a dar &ldquo;arcás&rdquo; y entre &ldquo;arcás&rdquo;, Cariño dale que pego, que ya no se acordaba a lo que había venido. Uno para el galgo, otro para Cariño. Y viendo que el galgo se apartaba de la mesa, detuvieron el plato de Cariño, porque estaba claro que sería el ganador, cuando el galgo le dio una canalera, que hizo estallar de risa a todos los asistentes. ¡Viva Sandalio! ¡Viva Cariño! Gritaban unos. ¡Quitarle la orza! ¡Quitarle la orza! Gritaban otros.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Pero a pesar de ello, aquí con todos los hijos, se podía llevar la finca, entre muleros, labradores, pastores y gorrineros se podían apañar para comer.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">La casa de Arriba fue de siempre la casa de los condes, que desde 1437 a 1886 estuvo ocupada por los condes de Balazote, siendo el último don Mariano Díaz de Mendoza que se casó con la actriz María Guerrero.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Al usurero del señorito se le ocurrió un día mandar a su yerno, también llamado Damián, &ldquo;Damiancete&rdquo;, al que habían casado con su hija, la Filo, &ldquo;faltiza&rdquo;, de pocas entendederas, que solo le daba por &ldquo;amagarse&rdquo; con el que pillaba. Pues sucedió que el encargo era vigilar la trilla en la era, pues era verano, en plena cosecha de trigo, y como en la era se iba depositando el grano, se le ocurrió que vigilara si le quitaban parte de la cosecha. Así fue que después de un descanso al sol, acudiese el señorito a preguntar como iba la trilla, a lo que el yerno, presto, se fue a decirle que estaban allí sin hacer nada, que eran unos gandules. Rápidamente el señorito se acercó a los hijos de Pergán a llamarles la atención por estar parados. Pero no tuvo tiempo de oir explicaciones, pues Benito agarró la horca de hierro que se usa para coger las gavillas pinchadas y echarlas a la era, y enfiló al yerno del señorito cagándose en todos los demonios y gritando ¡cacho cabrón! ¡cacho cabrón! Ven aquí a ver como nos tocamos los guevos!. Y pusieron los pies camino del pueblo, a galope, el señorito delante, y el come brevas detrás. Desde ese momento ya no aparecieron más por la era.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Cuando el señorito se lo dijo a la Adora, le dio un disgusto, menos mal que no llegó a peores. ¡Ay que enteletos! ¡Ay que enteletos! decía la Adora.Y cuado todos volvieron del campo no le faltó tiempo: ¡pero Benito, hijo mío, ¡ no ves que nos buscas la roina! ¿Y si le haces algo al señorito? ¿ y si le pinchas a Damiancete?. Si, dijo Benito, agachando la cabeza, verá madre, como ya no va a ir más a la era a ver que estamos haciendo.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">La ruindad del señorito de la casa de Arriba era conocida en todo el pueblo y para colmo y jolgorio de todo el pueblo, no se le ocurrió para retejar unas pocas tejar que estaban rotas, que llamar al más cachoncho del pueblo, la ironía personificada, el único albañil del pueblo, que presidía todas las procesiones tocando el violín. Detrás iba el cura, los santos y los feligreses. La música daba igual, siempre la misma, pero eso sí más serio que una estaca.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Pues sucedió en la casa de Arriba, que Casi se subía al tejado que da a la calle mayor, y como la casa corona la cuesta de la calle, todo el mundo podía verlo acostado ya dos días en el mismo sitio con la bota de vino y la merienda. Menos mal que no se subió el violín. La gente se asomaba a la calle, reía, otros pasaban sonriendo, alguno que otro le decía, ¿Cómo va eso Casi?. ¡Cojonudo! Decía. Hasta que don Damián empezó a sospechar de su trabajo, por lo que decidió asomarse a la calle para ver que estaba haciendo. Y como la gente del pueblo quería ver más fiesta, le indicaban a Casi desde las puertas de las casas por donde se quería asomar, y cada vez que preguntaba ¿Cómo va eso Casi?. Zas, una teja que volaba en la dirección que le indicaban por donde quería el señorito ver el desarrollo del trabajo. ¡No se asome señorito! ¡que caen tejas!, ¡no se asome!, que le pueden escalabrar, gritaba Casi, con la bota de vino en la mano y en la otra, otra teja para lanzársela. ¡Ya veo!, ¡ya veo!, le decía el señorito, pero sin asomarse.</div>
<div style="text-align: justify">Cada acto del señorito era de risa y sorna, y no acabaríamos de relatar todas, pero esta da por final una de tantas.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Todos los años en la casa de Arriba se mataban entre cuatro a seis cerdos, a cual más lustroso, los machos castrados y alguna hembra, y era costumbre entregar la vejiga a la chiquillería para inflarla y jugar un rato. Al tanto estaba don Damián en el despiece y ya comenzaban las risas de los hijos de Pergán por la cara que ponía, pues no desperdiciaba nada, y lo primero que se hacía antes de abrir los cerdos en canal, era quitarle la oreja y el morro para empezar los aperitivos en la lumbre con mistela y vino. Pero cuando llegaba al rabo que también se partía y troceaba, pues también participaban las mujeres y los críos en el aperitivo al aire libre, el señorito intervenía para que no tiraran el culo, lo que provocaba las risas del matachín y los ayudantes. ¡Dáselo, dáselo! Decían al ejecutor del cerdo, a ver si revienta. El recogía el culo de cada uno de los cerdos y se los metía para su casa a zampárselos. Resulta que el culo es la era la parte carnosa que rodea el ano, por debajo del rabo, la parte menos apetitosa del cerdo.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Como los hijos se hacían casaderos, aquello no se podía mantener, la emigración a otras ciudades, entre ellas Albacete, hizo que abandonaran la casa de Arriba y se trasladan a Albacete a la calle Cáceres. Las calles eran de tierra, no había alcantarillado, lo que como consecuencia no existiesen los servicios de hoy, todo lo más, letrinas con las famosas turcas, pues si que había agua potable que venía de la Fiesta del Arbol, no había duchas en ninguna casa, por lo que se seguía usando la clásica &ldquo;zafa&rdquo; de porcelana. Cada casa tenía un pozo ciego donde evacuar las aguas y defecaciones. Cuando se llenaban, no venían en camión, sino que se sacaba a cubos para tirarlos a los &ldquo;lejíos&rdquo;. Cada casa tenía un pozo con su brocal, usado antes de poner el agua potable de la Fiesta del Arbol, y en cada casa había corrales para criar animales, celebrando en invierno las famosas &ldquo;matanzas&rdquo; de marranos. Como no se asfaltaban las calles, en cuanto llovía, se formaba un charco en la calle inmenso, por el que había que pasar pegado a la pared, y en verano se llenaba de renacuajos, buen cenagal en la España de los 60.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Un buen día se presentó Juan Pergán en el ayuntamiento a solicitar una plaza de vigilante nocturno que había dejado libre un tal Juanón, más burro que un arado, y que vivía por el Pelibayo, otra taberna típica en la plaza del mismo nombre, muy cerca de donde la tenía Juan Pergán. Y como no había más solicitudes, allí mismo le dieron los útiles: una gorra de plato de color grisáceo oscuro, o lo mismo era así por la roña que llevaba, una lista de las calles a vigilar a partir de las 12 de la noche hasta las 7 de la mañana y una lanza, pero de las de verdad, como esa de los romanos, un verdadero artilugio para defensa, pues la punta era de hierro de unos 20 centrímetros.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Al segundo día se dio una vuelta por las calles y se volvió a dormir a su casa, lo que repitió algunas veces más hasta que llegó a oídos del alguacil, que le dijo. ¡Pero hombre! Vaya servicio que estás haciendo, si te vas a dormir a tu casa todas las noches!. Y qué ha pasado de noche en estos días, dígame, qué ha pasao, !na, na! ¡Pos qué va pasar!! Le respondía Juan Pergán.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Tuvo otra idea mejor, ser autónomo y poner un negocio ya que se pudo construir dos habitaciones en la planta de arriba, por lo que abajo se podía habilitar,  y que mejor negocio que poner una taberna en un barrio de las afueras de la capital.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Cuando no entraba nadie a la taberna se entretenía haciendo cortinas con los tapones de chapas de las cervezas, doblándolos sobre las cuerdas que colgaban de una tabla a medida del dintel de la puerta. Tres mil chapas agarradas, y al entrar y moverlas se oía un ruido característico que no precisaba timbre. Y entre tira y tira, se liaba tabaco verde, el mejor insecticida para el verano, donde las moscas abundaban tanto que daban ganas de irse a trabajar a Alemania. Cuando empezó a comercializarse los cigarrillos Ideales, los Peninsulares, los Celtas cortos, se los liaba de dos en dos con papel de fumar. Ay el fumeque, Ay el fumeque, decía la Adora.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify"> &ldquo;Juan&rdquo;, gritaban desde una mesa, &ldquo;tráete un vaso de vino&rdquo;.</div>
<div style="text-align: justify">&ldquo;El que tenga prisa, que corra&rdquo;, decía siempre.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Un día oyó a la Adora gritar en la habitación contigua a la taberna, por lo que se acercó a ver que pasaba, y mientras ella gritaba ¡sácame de aquí!, ¡levanta el armario!, ¡levanta que me ha chafao!, el decía, ¡ pero muchacha, si me has tirado la mercancía!. La Adora estaba debajo del armario que se había volcado cuando intentaba sacar algo de la parte de arriba, se agarró con tanta fuerza que se le vino encima. Pero ella, viendo lo que se venía encima, hizo fuerza con los brazos y  piernas, de manera que la caída al suelo de ella y el armario, se produjo amortiguando con su cuerpo.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">¡Válgame el inútil! Decía la Adora, ¡yo allí debajo, sin poder moverme, haciendo fuerza para que no me chafara, y él diciendo que le había tirado la mercancía.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">La mercancía eran las cajas de barajas españolas, que compraba usadas en el Casino Primitivo, pues los que se jugaban las &ldquo;perras&rdquo;, a pesar de estar el juego prohibido, desechaban las cartas a las dos manos. Así que estando nuevas las compraba a dos duros y el las revendía a los bares que sabían jugaban a las cartas.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Y así siempre trapicheando llegó por casualidad en una visita a Barcelona a casa de su hija Emilia y Enriquete junto con la Adora, y aprovechando un día en el Tibidabo se puso a negociar unas barajas que se había llevado de Albacete a buen precio, pero mal negocio hizo, pues en el restaurante donde quería tratar le querían cobrar un duro por chato de vino, lo que le pareció un disparate, y él venga a regatear el duro, que si en Albacete cuesta cuatro reales, que, de dónde era el vino, que si pa qué querían un bar sino había partida de cartas...., hasta que su familia lo pudo encontrar y lo sacaron de aquel bar, arrastras casi, pero al final, del follón formado, algo bueno sacó. Sin pagar el chato se fue aunque sin vender baraja también. Mal comienzo en Barcelona, pensó.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Cuando ya se jubiló definitivamente, cerraron la taberna y alquilaron las habitaciones de arriba a una mujer con dos hijos pequeños. La planta de arriba tenía una entrada desde la calle y otra desde dentro de la taberna. La inquilina estaba pasando una mala temporada y se retrasaba en los pagos. Adora no decía nada, aguantaba comprensiva, pero un buen día, la inquilina, se asomó desde arriba de la escalera, mirando a Adora que  estaba barriendo en la calle y le espetó: ¡Ya no le voy a pagar más! Adora. Y Adora le respondió señalándole con el palo de la escoba: &ldquo; Si ves que subo te arrastro&rdquo;. Y la mujer se escondió para abandonar la casa a deshora para no ser vista jamás.</div>
<div style="text-align: justify"> </div>
<div style="text-align: justify">Cuando Juan Pergán murió, sin la más mínima queja, se le hizo cristiana sepultura. ¿Saben quién fue a su entierro?...... El señorito don Damián, más viejo que él y subiendo las escaleras de la iglesia, sólo, enfrente del Pelibayo, con su traje negro, con su bastón y su sombrero.</div>
<div style="text-align: justify">Si le hubiese visto Pergán un espete le hubiese dao.</div>
<p> </p>]]></description>

</item></channel></rss>